El Sol es la estrella más cercana a la Tierra.
Es una enana amarilla (clase espectral G2V).
Su edad aproximada es de 4.600 millones de años, fusiona hidrógeno en su núcleo y tiene una temperatura superficial media es de unos 5.500º C.
El Sol, como tadas las estrellas, es una gran masa de materia en estado de plasma.
La temperatura es tan alta que muchísimos átomos pierden electrones y el gas queda compuesto por iones positivos y electrones libres.
Se puede decir que el plasma es similar al estado gaseoso pero cargado eléctricamente.
Según la Ley de Biot-Savart, las cargas eléctricas en movimiento generan campos magnéticos.
En su forma más simple, pero que ilustra cómo se generan los campos magnéticos, la ley establece que:
Una partícula con carga "q" y que se mueve con una velocidad "v", genera un campo magnético "B" a su alrededor que, en cada punto del espacio, es perpendicular a la dirección del movimiento y a la posición relativa de la partícula "r":
Si tenemos en cuenta que en el Sol el plasma está en continuo movimiento — corrientes en la zona convectiva, corrientes que rotan a diferentes velocidades según la latitud, turbulencias, etc — y que el plasma es materia con carga eléctrica, podemos comprender el origen físico y la complejidad de los campos magnéticos solares.
Se ha observado que el campo magnético del Sol cambia periódicamente, de manera que nuestra estrella invierte los polos norte y sur cada 11 años aproximadamente.
Y ocurre que, según van cambiando los campos magnéticos, la actividad en la superficie solar también cambia. Pasa de mínimos al comienzo de cada ciclo, a máximos a la mitad del ciclo, y otra vez a mínimos al final.
Esos máximos y mínimos guardan relación con el promedio de manchas solares que aparecen en la fotosfera como se puede ver en el siguiente gráfico:
En los periodos de máxima actividad, además de aumentar el número de manchas solares, también crecen las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal, lanzando gran cantidad de material muy energético al espacio.
Al topar con la Tierra, el viento solar es desviado hacia los polos por el campo magnético terrestre.
El viento solar, al estar cargado eléctricamente, puede provocar interferencias en los satélites y en las comunicaciones por radio.
Además, el viento solar es desviado hacia los polos norte y sur por el campo magnético terrestre y produce auroras cuando llega a la atmósfera.
Los colores de las auroras dependen del gas con el que interactúa el viento solar:
Color rojo - Oxígeno atómico a más de 240 km de altura.
Color verde - Oxígeno atómico más concentrado, por debajo de 240 km de altura.
Color morado - Nitrógeno molecular a más de 97 km de altura.
Color azul - Nitrógeno molecular más concentrado, por debajo de 97 km de altura.
Las auroras habitualmente se observan cerca de los polos.
Pero en ocasiones, si el viento solar es muy potente, pueden verse en latitudes más bajas, ¡llegando incluso a Cádiz, como ocurrió el 11 de mayo de 2024!
En casos muy extremos, las erupciones solares pueden llegar a afectar a las redes eléctricas terrestres, como ocurrió en el Evento Carrington en 1859, cuando una gran llamarada solar provocó el fallo de telégrados en Europa y Norteamérica, y se observaron auroras en zonas tropicales.
Los efectos de aquel evento no fueron peores porque el desarrollo tecnológico basado en la electricidad apenas estaba comenzando.
Si se diera hoy un evento igual, las consecuencias serían muy serias. Dejaría satélites y redes eléctricas fuera de servicio, y se tardarían semanas e incluso meses en recuperar la normalidad.