La Luna es el satélite natural de la Tierra.
Su superficie se puede observar a simple vista, con prismáticos y con telescopios, revelando diferentes niveles de detalle en cada caso.
Está cubierta por el regolito, un fino polvo de roca acumulado durante eones.
Al no tener atmósfera, no sufre erosión y sus formas perduran inalteradas en el tiempo.
Distancia de la Tierra: 384.000 km
Rotación: 27 días y 7 horas
Traslación: 27 días y 7 horas
Mes sinódico: 29 días y 12 horas
Radio: 1.700 km (1/4 de la Tierra)
Gravedad: 1,62 m/s2 (1/6 de la Tierra)
Composición: O, Si, Al, Fe, Ca, ...
Edad: 4.500 millones de años
La atracción gravitatoria de la Luna provoca las mareas en nuestros océanos.
La posición relativa de la Luna respecto a la Tierra y al Sol define sus fases.
Extensiones de lava que inundaron las cuencas de grandes impactos de meteoritos.
La lava se enfrió hace entre 1.200 y 4.200 millones de años, formando las llanuras basálticas que pueden observarse a simple vista.
Huellas de impactos de meteoritos. Al chocar a gran velocidad, excava el terreno. El terreno comprimido rebota formando un pico central. Los restos del impacto vuelven a caer sobre el cráter formando bordes elevados.
Grietas profundas producidas por la antigua actividad volcánica o por fracturas de la corteza.
Línea que separa la parte iluminada de la parte oscura.
En el terminador, el Sol está bajo en el horizonte, las sombras son largas y el relieve se ve muy marcado.
Es la mejor zona para observar con telescopio.